Reordeno tu tienda para que el producto que más vende deje de competir con los otros veintinueve. Sin sacar ninguno.
30 tiendas argentinas revisadas a mano. Sin casos de estudio todavía — y por eso el precio es la mitad.
Trabajo sobre estas plataformas
No es tu tienda. Es cualquier tienda. Es la última vez que quisiste comprar algo por internet y terminaste cerrando la pestaña.
El formulario de nueve campos.
El «mandame el comprobante por WhatsApp».
La cuenta que hay que crear antes de comprar.
El catálogo de doscientos productos donde no encontrás nada.
El «consultanos por precio».
Captura real · nueve camposQuerías darle plata a alguien y no te dejó.
Y acá está lo importante: el que hizo eso no está haciendo nada mal. Pide el DNI porque quiere facturar bien. Pide transferencia porque cuida el margen. Sumó productos porque le dijeron que más variedad vende más. Cada decisión tiene una buena razón atrás. Sumadas le cuestan ventas que ya tenía adentro.
Nadie decidió perder esas ventas. Se van solas.
Los tres salen de mirar tu tienda desde el celular, como la mira un desconocido. No hacen falta tus accesos ni tu Analytics.
Cuántos clics y campos hay entre tu home y el botón de pagar, desde el celular.
Abro tu tienda, cuento tres, cierro los ojos y anoto qué me quedó.
Cuántos comentarios de «precio?» tenés sin contestar de los últimos dos meses.
La grabación que te llevás · sin editarLos tres los podés verificar vos mismo en cinco minutos. Te llevás además una grabación de mi pantalla intentando comprar en tu tienda desde el celular, sin editar, y el chequeo de si tu botón de arrepentimiento cumple con lo que pide la ley. Todo eso, compres o no.
De las tiendas que revisé, la enorme mayoría de los dueños no lo sabe. Saben cuántos seguidores tienen y cuánto facturaron el mes pasado, pero no saben cuánta gente entra y se va.
De cada cien personas que entran a tu tienda, cuántas terminan comprando.
Esta tienda tiene un problema.
Esta tiene otro, completamente distinto.
El mismo tráfico. Se ven igual desde afuera y no se arreglan igual. Si no mirás ese número, cuando las ventas bajan te queda una sola explicación posible: «me falta gente».
Entre que alguien entra a tu tienda y aprieta «pagar» hay una cantidad de pasos. En cada paso se va gente. No la mayoría: un poco. Un poquito en cada uno. Y esos poquitos se multiplican entre sí.
Si tenés siete pasos y en cada uno se te va el veinte por ciento, al final del recorrido no perdiste el veinte por ciento: perdiste casi el ochenta. Por eso sacar tres pasos no mejora las cosas «un poco». Cambia el resultado entero.
Misma pérdida por paso, tres pasos menos. No es el veinte por ciento de mejora que parece: es casi el doble de gente llegando al final. Los números son de ejemplo; la aritmética es la que es.
Números de ejemplo, no de nadie. Traer el doble de gente a una tienda que convierte mal es duplicar un problema. Por eso el orden importa: primero se arregla el uno por ciento, después se trae gente.
Eso no es una promesa. Es un método. Y lo primero que hago en la auditoría es buscarte ese número: tarda dos minutos y no cuesta nada.
Es una tienda de una decisión por página.
El que llega de un video te da tres segundos y no navega nada: mira lo primero y decide. Si lo primero son treinta opciones, no elige ninguna. Elegir cansa, y cuando cansa demasiado el cerebro elige irse.
Una OPS no le saca opciones a tu negocio. Le saca opciones a esa pantalla.
Y los vas a seguir teniendo. Los treinta.
Ya sos una tienda de un producto. Lo que pasa es que tu home todavía no lo sabe.
Chequealo vos: panel de tu tienda → estadísticas → productos más vendidos, últimos doce meses. Los porcentajes de arriba son un ejemplo; los tuyos los vemos juntos en la auditoría.
No te saco el catálogo. Te cambio la puerta de entrada.
Hoy tu tienda le pide al que llega de un anuncio que elija entre treinta cosas, y por eso no compra ninguna. Va a entrar por un solo producto —el que ya te funciona— y el resto del catálogo va a estar donde sí vende: después de que ya decidió comprar.
Una sola narrativa, un solo producto, un solo botón. Nada que elegir todavía.
Recién acá aparece el resto del catálogo, en los cinco lugares donde la gente sí compra.
El catálogo no va a vender menos. Va a vender en el momento en que la gente sí compra.
El reloj no arranca con el pago: arranca cuando el material está completo. Va escrito en la propuesta.
Miro tu tienda antes de hablar con vos y te muestro qué encontré. Te llevás los tres números, compres o no.
Fotos, video, reseñas, las cinco preguntas que más te hacen y un formulario de diez minutos con tus datos legales. Te mando una carpeta ya armada y una lista.
Desde que el material está completo. Se construye sobre una tienda de desarrollo, así que no empezás a pagar la plataforma hasta que la apruebes.
La tienda queda a tu nombre, con tu tarjeta y tu dominio. Te dejo un video de diez minutos sobre tu propia tienda para que la manejes vos.
Dartael, skincare. Tienda propia, construida de punta a punta con el mismo sistema.
Está construida con el mismo sistema con el que voy a construir la tuya. Abrila desde el celular y contá cuántos pasos hay hasta el botón de pagar.
Abrir Dartael →Los precios de abajo son de cliente fundador: los primeros tres. Después vuelven al precio de lista.
El total no cambia y las fechas quedan escritas en la propuesta. En el Plan 1: $180 · $135 · $135.
En vez de $800. En el Plan 1, $405 en vez de $450. Te hago el 10% porque a mí me cuesta menos cobrarlo así, y prefiero que ese descuento te quede a vos.
También podés pagar con tarjeta en cuotas. En ese caso el interés lo cobra el banco y el total sube: no es lo que ofrezco, pero está ahí si te sirve.
No es un descuento por simpatía, es un intercambio. A cambio te pido un testimonio en video, acceso a tus métricas por noventa días, permiso para usar tu marca como caso de estudio y una referencia. Después de los tres, vuelve al precio de lista.
Si vendés cientos de esos por mes, el número cambia de tamaño. Si vendés diez, también — y esa también es una respuesta útil.
Si a los treinta días la conversión es peor que ahora, te lo dejo como estaba y te devuelvo la mitad de lo que pagaste.
Se mide contra la línea base tomada antes del cambio, mismo período y mismo origen de tráfico. No aplica si cambiás tu pauta o dejás de publicar. Puedo ofrecerla porque el tema anterior queda guardado en tu propia tienda: volver atrás es un clic.
Arranqué hace poco. No te voy a inventar números que no tengo ni testimonios que no me dieron.
Lo que sí tengo: una tienda propia construida de punta a punta, treinta tiendas argentinas revisadas a mano una por una, y una herramienta propia que arma esto y que se audita sola antes de publicar — me avisa si un precio quedó mal, si un descuento se fue de rango, si un combo va a cobrar de más.
No es que prometa no equivocarme. Es que el sistema me lo marca antes de que salga.
Y por eso los primeros tres pagan la mitad.
Prefiero que no agendes a que pierdas media hora. Te va a hacer perder tiempo a vos y a mí.
No tenés un producto que se destaque sobre los demás, ni uno que pueda llegar a serlo. Si tus ventas están repartidas parejo entre veinte productos, primero hay que elegir uno — y esa es otra conversación.
No tenés ni una foto decente de tu producto. Yo no hago fotos ni video: trabajo con lo que tenés.
Vendés por suscripción y eso es el corazón de tu negocio. Hoy no lo incluyo.
Lo que buscás es que te traiga gente. No hago pauta ni manejo tus redes: yo arreglo lo que pasa cuando la gente ya llegó.
Lo escribo acá y no en la letra chica, porque el momento en que esto aparece de sorpresa es siempre el peor momento posible.
No soy abogado y no te lo vendo como tal. Las páginas legales son un modelo estándar completado con tus datos: están bien hechas y son bastante mejores que no tener nada, pero antes de publicarlas conviene que las mire un profesional. Te digo exactamente qué mirar.
Si te queda una que no está acá, escribime y la agrego.
Al revés. Hoy no los ve nadie: el que llega frío se va antes de llegar a ellos. Pasan a venderse en el selector de compra, en el carrito, en la rutina y después de pagar, que es cuando la gente sí compra.
Sí, a Shopify. La migración la hago yo, redirijo las direcciones viejas para que no pierdas Google, y tu tienda actual queda online hasta que apruebes la nueva.
Lo pagás vos directo, porque la cuenta es tuya. Y no lo pagás hasta que la tienda esté terminada y la apruebes.
El tema anterior queda guardado en tu propia tienda. Volver atrás es un clic.
Cinco días hábiles desde que tengo tu material completo. Siete si hay que migrar más de 50 productos.
No, y desconfiá del que te lo garantice. Te garantizo lo que está en mis manos: el plazo, que funcione, y que si la conversión empeora te devuelvo la mitad.
Vos. A tu nombre, con tu tarjeta y tu dominio. Yo quedo como colaborador y me sacás en dos clics cuando quieras.
No. Te dejo un video de diez minutos sobre tu propia tienda para que lo hagas vos. El mantenimiento es opcional.
Hoy no lo incluyo. Se puede sumar con una app aparte y te lo cotizo como extra. Prefiero decírtelo ahora.
Sí, en tres pagos sin interés y sin recargo: el total no cambia. Las fechas quedan escritas en la propuesta. La tienda pasa a tu nombre con el segundo pago, y el tercero cae a los treinta días de la entrega, cuando ya la viste funcionando.
Depende de una sola cosa: si revendés o si tenés marca propia. Si revendés productos que otra empresa ya fabricó o importó, el habilitado es esa empresa y vos no necesitás nada. Si mandás a fabricar, fraccionás o importás con tu marca, sí: hace falta habilitación de empresa ante ANMAT y que tus productos estén registrados. Te lo pregunto en la auditoría, porque si no lo tenés resuelto no te construyo la tienda — vender más de un producto sin habilitar es empeorar el problema, no arreglarlo.
Fotos del producto, un video corto, seis reseñas reales y las cinco preguntas que más te hacen. Te mando la lista completa y una carpeta ya armada.
Compres o no.
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